Siempre trabajé creando con las manos.
Durante muchos años mi mundo fue la gastronomía: fui pastelera, di clases, hice catering y tuve junto a mi marido nuestro propio restaurante. Al mismo tiempo estudié arte, incursioné por las artes visuales, el telar y las tramas textiles. Siempre estuve buscando formas de expresar lo que veía y sentía.
En el medio también formé mi familia. Soy madre de dos varones y durante años combiné trabajo, estudio, crianza y partidos de rugby en una etapa intensa y profundamente transformadora. Con el tiempo ellos crecieron y pude volver a enfocarme plenamente en mi propio proyecto.
Entendí que el material puede cambiar, pero la esencia es la misma.
Esa esencia vive en el cuero, en la platería, en la joyería y en cada pieza que forma parte de Che Corazón. Algunas las hago yo. Otras las elijo con el mismo criterio con el que antes pensaba un postre o un menú: nada está acá porque sí.
Y cada tanto también reaparece Andrea pastelera. Alguna alumna vuelve para una clase personalizada, alguna receta me llama otra vez. Porque las etapas no se borran: se integran.
Che Corazón es mi manera de combinar lo clásico con carácter, la textura con elegancia, lo artesanal con identidad.
Si estás acá, es porque algo de todo esto también te identifica.
Andrea G. Palazzo